Calumnia

Un radiador en una pared, con la sombra de una ventana reflejándose en ella

Redacción: Radiadores. ¿Qué voy a decir de los radiadores? Los profesores flipan. Vaya tontería de tema. En mi habitación tengo uno, plateado, de aceite, con ruedas. Si hace frío lo enchufo y si no, lo arrincono. Eso es todo. Una mierda de radiador no da más de sí.

—¡Sí, mamá, ya voy! ¡Trato de escribir sobre un jodido radiador!

El ruido a mis espaldas me pone los pelos de punta. Un chirrido, un deslizamiento. Chirrido, deslizamiento. No puede ser mi madre.

Paralizada, con las manos sudorosas en el teclado, noto un calor que se aproxima. Me doy la vuelta muy despacio… y ahí está, emitiendo un susurro crepitante, un chisporroteo, acercándose implacable.
Por detrás, el cable suelto ondea como un rabo.
Solo me da tiempo a pensar que dos pilotos rojos encendidos indican máxima temperatura. Dos ojos rojos… El aceite…, caliente, muy caliente.

La cena se enfriaba en los platos. Fue el hedor a carne quemada lo que alertó a Maribel.

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