La cárcel que no esperaba encontrar

Hace casi dos años tuve una experiencia que aún recuerdo con mucho cariño. La fecha se me ha quedado grabada porque coincidió con uno de aquellos días en que Renfe volvió a convertirse en protagonista involuntaria de las noticias (leer Me pasé la RENFE). Precisamente regresaba de Figueres cuando ocurrió algo que, por desgracia, empieza a resultar demasiado habitual, después de haber pasado la mañana en un entorno totalmente desconocido para mí. el Centro Penitenciario Puig de les Basses.

Reconozco que acudí con algunas ideas preconcebidas. No sobre las personas, sino sobre el propio espacio. Sin embargo, la realidad fue muy distinta de la que solemos imaginar cuando pensamos en una prisión. Me encontré con un recinto amplio, moderno y luminoso. Los pasillos, las salas y los espacios comunes transmitían una sensación de orden y amplitud difícil de asociar con los tópicos que la literatura, el cine y la televisión nos han acostumbrado a imaginar. Solo había momentos en los que recordaba dónde estaba realmente. Cuando una puerta automática se cerraba a mi espalda y aún no se había abierto la siguiente. Durante esos segundos, atrapada entre ambos accesos, era imposible olvidar que aquel lugar estaba diseñado para impedir que algunas personas pudieran marcharse.

La charla estaba organizada por el Centro de Formación de Adultos Tramuntana, que desarrolla su labor educativa dentro del propio centro penitenciario. Al llegar a la biblioteca apenas había dos o tres personas. Los responsables me comentaron que no tenían demasiadas expectativas respecto a la asistencia porque aquella mañana coincidían varias actividades, entre ellas algunas competiciones deportivas que siempre despertaban bastante interés. Sin embargo, fueron llegando asistentes. Primero unos pocos más, luego algunos trabajadores del centro, después varios internos. Cuando llegó la hora de empezar, la sala estaba mucho más llena de lo que nadie había previsto.

Hablé de mi trayectoria como escritora, de cómo empecé a escribir y de los proyectos que han ido acompañándome a lo largo de los años. Sin embargo, durante el turno de preguntas ocurrió algo que no me sorprendió por ser muy habitual en este tipo de encuentros. La inmensa mayoría de las cuestiones no giraron en torno a los libros, sino a la ceguera. Querían saber cómo utilizo el ordenador, cómo leo, cómo me desplazo, cómo imagino los escenarios de mis historias o de qué manera afronto las dificultades del día a día. Además, todos los internos que asistieron eran hombres, algo bastante poco frecuente en las actividades y encuentros literarios en los que suelo participar.

Hubo un detalle que atesoro especialmente. Durante toda la charla observé —vale…, mejor dicho, me comentaron— que uno de los internos no dejaba de escribir en una libreta. Tomaba notas de forma constante mientras hablábamos. Al finalizar, se acercó a mí y me preguntó si podía leerme una poesía que había escrito. No la había compuesto para aquella ocasión. De hecho, me explicó que ya la tenía escrita desde antes. Pero me dijo que le había impresionado como persona y que quería dedicármela. Acepté encantada y escuché sus versos con una emoción difícil de describir. Puesto que, en su momento,  me dio permiso para publicarla, la compartiré a continuación porque creo que merece ser leída.

Página manuscrita de la poesía que un interno del Centro Penitenciario Puig de les Basses me dedicó tras la charla.
Poesía que un interno del Centro Penitenciario Puig de les Basses me dedicó tras la charla.

Salí de Puig de les Basses con muchas reflexiones en la cabeza. Era consciente de que todas aquellas personas estaban allí cumpliendo condena por delitos muy distintos, algunos seguramente graves. Sin embargo, también percibí en muchas de ellas una sensibilidad que no esperaba encontrar con tanta intensidad. Quizá precisamente por eso la experiencia me marcó tanto. Han pasado casi dos años desde entonces, pero sigo recordando aquella mañana como uno de los encuentros más enriquecedores que he vivido. Espero haberles aportado algo a ellos. Lo que sí sé con certeza es que ellos me aportaron mucho a mí.


Transcripción del poema

Brillante energía del cielo
No es el calor
Ni la sensación intrigante
Me quitas el dolor
Quiero por siempre acompañarte
Mi corazón el tambor
De tu melodía distante
Sentado en tu portón
He venido a visitarte
Cambiara mi vida amor
Sino puedo encontrarte
Mis pensamientos dan valor
Eres mi esfuerzo constante
Si se tu sabor
Es algo celestial pensarte
El mas lindo color
En mi alma dejaste
Cuando recuerdo tu olor
Amor no puedo olvidarte
Tanto que el reloj
Me obliga a desearte
No lo llames obsesión
Pues libre puedo amarte
Dios haz el favor
Y prometo no fallarte
Brillante energía del cielo
Gracias por siempre alumbrarme

Autor: Marta Estrada Galán
Dicen que algunos niños nacen con un pan bajo el brazo. Yo asomé al mundo con un libro y un cuaderno, solo que no me enteré hasta que a los once años comencé a devorar novelas y a escribir historias como si no hubiera un ayer en que también podría haberlo hecho. Luego llegó eso que llamamos vida, donde entre lectura y lectura, me convertí en lo que soy: escritora, aficionada a los paseos, a mantenerme en forma, al canto y al radioteatro, integrante de un coro y madre a tiempo total. Convivo con mis dos hijos, mi gata Nara y mis amigos que, aunque en la distancia, siempre están a mi lado.

Deja un comentario

Ir al contenido