Para todas. Adáptalo al sentido que necesites darle

Cierro mi mente, no quiero que entre la gente.

Tengo la cabeza equipada con muebles reciclados.

Un sofá para que se sienten mis noches en vela,

una cama para que duerman los recuerdos que no sueñan.

Una mesa para sentarse a comer rabia,

una silla rota de partir mi espalda.

Hay en mi mente una ventana que tiene barrotes.

Hay miedo, oscuridad y azotes.

La puerta está atrancada:

que nadie entre, y que nadie salga.

Tengo más muebles en mi cabeza, y adornos que se rompen.

Grietas que se ensanchan y figuras de cristal que son caricias,

Hechas con añicos de sol y de esperanza.

Ceniceros con colillas y cenizas de abrazos perdidos.

Marcos con fotos de apenas tres amigos.

Tengo armarios para guardar muertos,

y perchas para colgar desiertos.

Tengo alfombras donde los pasos no hacen ruido,

y se pierden con el tiempo entre suspiros.

Mis palabras se mecen en un viento que no existe,

Y buscan por donde escapar cuando crees que venciste.

Ja, ríete de mi rincón desordenado.

Aquí escondo el polvo bajo los pies descalzos.

Con llave tengo cerrado, no puede entrar nada ni nadie,

ni la burla ni el dolor, ni el desprecio de la calle.

ni odio ni crueldad ni el aliento de un desastre.

Nunca entrarán quienes pegan, quienes mienten,

Nunca entrarán el pasado ni el futuro, tan solo el presente.

Tengo también un baúl lleno de lágrimas.

Me escondo y floto con la sal de cada gota contenida.

Y aquí me quedo a pasar los días,

Rendida de llanto, pero no vencida.

No es malo hurgar en la añoranza,

nadie me pregunta y nadie me ataca.

Puedo llenar mi mente de paquetes, y montar y desmontar,

y romper y tirar, como en una mudanza.

Pero cuando termino de abrir cajas y ordenar vivencias,

comprendo que se me olvidó mimarme y mimarlas.

Y entonces me calzo la vida, me peino las ansias

y salgo fuerte de mi cárcel, empuñando el alma.

Por fin entiendo, nunca es tarde,

Que cenizas, añicos y rabia serán ahora mi calma.

¿Qué opinas?