¿Por qué nos da vergüenza hacernos daño?

Es una pregunta a priori extraña, pero tiene todo el sentido del mundo. Cuando estamos solos y nos hacemos daño, la reacción al estímulo doloroso suele estar desinhibida y cada persona la gestiona como buenamente puede. He de reconocer que soy de las que reniega a lo grande, algo que parece calmar los latigazos que el cerebro envía a la zona afectada. Hay estudios al respecto, como por ejemplo:

este, del New York Times en español.

 

Hacerse daño en soledad, deduzco de mi propia experiencia, ayuda a soportar las consecuencias de golpes, quemaduras, cortes y demás sinsabores domésticos. Pero ¿qué ocurre si estamos acompañados o, y es ahí donde apunto, nos hallamos en la calle? Cierto es que lo mismo que pasa en la intimidad sucederá en la vía pública o en lugares públicos en lo que a reacciones concierne. Sin embargo, tras haberlo comentado a menudo con amigos, familiares y conocidos llego a la siguiente conclusión: Hacerse daño en público nos da vergüenza. ¿Por qué? Quien dice vergüenza dice apuro, y es una emoción que se da con mucha frecuencia en personas ciegas. Cito algunos ejemplos:

 

Cuando me choco con una farola, rápidamente me apoyo en ella y saco el móvil para hacer como que hablo.

 

Cuando tropiezo y caigo, enseguida hago como que me estoy atando los cordones.

 

Si me doy algún golpe, nunca me llevo la mano al lugar en el que me lo he dado y sigo adelante como si nada.

 

Seguro que hay muchísimos ejemplos parecidos. ¿Por qué lo hacemos? ¿Nos parece que alguien va a poner en entredicho nuestra capacidad de movernos solos por la calle? ¿Pensamos que sentirán pena de la pobre persona ciega que no tiene más remedio que ir por la vida haciéndose daño? ¿Darán por sentado que somos torpes por naturaleza y les parecerá lo más normal del mundo? ¿Tiene algo que ver con nuestro amor propio? ¿Con la dignidad herida? ¿Con no querer reconocer que todo el mundo, incluidos nosotros, estamos expuestos a sufrir accidentes?

 

Los videntes comentan la relación con el sentido del ridículo, algo que lleva implícito el hecho de que alguien esté mirando y además, ser plenamente consciente de ello. Y verdad es que hay algunas situaciones que mueven a burla o risa, por poca o ninguna gracia que hace a quienes las padecen. Los ciegos podemos suponer que nos están mirando, y no sé si la imposibilidad de constatarlo, aumenta esa sensación de vergüenza a la que me refiero.

 

Me he formulado todas las preguntas sugeridas más arriba y no atino a responder. No soy una persona quejica, aguanto bastante bien el dolor, al menos en tanto que a resistencia psicológica se refiere, si bien tiendo al mareo. Creo que mi forma de afrontar lo que pueda ocurrirme en la calle tiene más que ver con tratar de evitar causar alarma entre los transeúntes, pero en modo alguno pongo la mano en el fuego para asegurar que no hay algo de vergüenza en mis reacciones.

 

Sé que lo de dejar comentarios da mucha pereza, pero me encantaría conocer lo que pensáis, sobre todo, debido a vuestra experiencia.

Autor: Marta Estrada Galán
Dicen que algunos niños nacen con un pan bajo el brazo. Yo asomé al mundo con un libro y un cuaderno, solo que no me enteré hasta que a los once años comencé a devorar novelas y a escribir historias como si no hubiera un ayer en que también podría haberlo hecho. Luego llegó eso que llamamos vida, donde entre lectura y lectura, me convertí en lo que soy: escritora, aficionada a los paseos, a mantenerme en forma, al canto y al radioteatro, integrante de un coro y madre a tiempo total. Convivo con mis dos hijos, mi gata Nara y mis amigos que, aunque en la distancia, siempre están a mi lado.

¿Y tú qué opinas?

  1. Hola. Pues yo personalmente no disimulo mis reacciones cuando tengo un accidente por la calle. suelo ser de los que a parte de quejarse por el dolor, jura en arameo, maldiciendo a quien sea que ponga en medio lo que sea con lo que tropiezo, o de no ser culpa de nadie, maldiciéndome a mí mismo por ser tan torpe. Pero vergüenza en ese sentido, no tengo.

    Ahora bien. Sí me identifico en lo de que siento vergüenza en muchas ocasiones al hacer ciertas acciones en público, porque pienso que todos a mi alrededor están pendientes de lo que hago, y que se ríen por ello. Seguramente sea un motivo injustificado, pero es esa sensación de pensar: “Todo el mundo puede fijarse en lo que yo hago, y divertirse a mi costa si así lo consideran, y sin embargo, yo no puedo hacerlo con los demás.”. algo que me parece injusto, y refuerza, por mucho que me digan los demás que no es así, esa sensación de vergüenza.

    Responder
    • Gracias por compartir tu punto de vista. Me encantaría verte por la calle jurando en arameo. Con respecto a la impresión de que siempre hay alguien que puede fijarse en lo que hacemos y reírse mientras que nosotros, por razones obvias, no podemos devolver la jugada y nos embarga la sensación de ridículo, creo que también está bastante extendida, si bien diría que ahí ya entra una cuestión de autoestima, de pensar que no hacemos las cosas como hay que hacerlas. a mí me pasa en algunos momentos y en determinadas circunstancias, no siempre, y es un problema de no tener referentes visuales para darnos cuenta y comprender que, muy probablemente, los demás lo hacen tan mal o de forma tan torpe, o tan bien como nosotros. Un abrazo.

      Responder

Deja un comentario

Ir al contenido