Conozco a un niñito inmigrante de unos cinco o seis años que me habla. Creo que tiene alguna enfermedad, pero no indago con su madre. Él me pregunta qué hago, refiriéndose a mi profesión.
Infierno
Las llamas rugientes invaden el balcón. Lenguas vivas, monstruosas. En la calle, los curiosos, arracimados tras el cordón policial, vitorean …